¿Cómo saber si mi gato tiene dolor? 12 señales casi ocultas

Cuando tu gato no habla, su cuerpo lo cuenta todo: aprende a leer el dolor que no se ve

¡Hola! Soy Soraya Sáenz, tu veterinaria a domicilio en La Rioja y sus alrededores.

Hay algo que veo muy a menudo al pasar consulta: gatos que llevan tiempo con dolor sin que nadie se haya dado cuenta.

Y no es culpa tuya. Los gatos son expertos en esconder lo que sienten. Es un instinto de supervivencia muy antiguo que, en casa, nos juega una mala pasada.

Por eso he escrito esta guía. Quiero ayudarte a saber si tu gato tiene dolor de una forma sencilla, práctica y sin tecnicismos innecesarios. Porque cuanto antes lo detectes, antes podremos aliviarlo y mejorar su calidad de vida.

Se trata de una explicación sencilla con pautas para saber si tu gato tiene dolor mediante 12 señales que muchos propietarios no detectan.

Por qué cuesta tanto saber si mi gato tiene dolor

Entender la mente de un felino es fascinante, pero a veces nos hace sudar la gota gorda, tanto a los dueños como a los veterinarios.

El problema principal es que estos animales conservan intacto su instinto de supervivencia más salvaje y primitivo.

En la naturaleza, mostrar debilidad significa convertirse en la cena de un depredador más grande, así de crudo.

Por eso, los michis se tragan su sufrimiento y hacen como si no pasara nada.

Muchas veces llego a una casa y los dueños se sienten fatal por no haberse dado cuenta antes del problema.

No debes fustigarte, te aseguro que es difícil saber si tu gato tiene dolor a simple vista.

Lo más importante es que conozcas sus rutinas y te fijes en esos pequeños detalles que cambian de la noche a la mañana.

Para echarte una mano con esto, he preparado esta lista detallada que te sacará de dudas.

Vamos a repasar juntos esas pistas ocultas que nos indican que nuestro compañero lo está pasando verdaderamente mal.

Analizamos cómo saber si tu gato tiene dolor: las 12 señales

A continuación, vamos a meternos en faena para repasar uno a uno esos comportamientos extraños que delatan su malestar.

Recuerda que no tienen que darse todos los puntos a la vez para que tu gato tenga algún achaque.

Basta con que observes un par de estas cosas para llamarme y que me acerque a echarle un vistazo.

1. Cambios de postura si el gato tiene dolor

Una de las formas más claras de notar malestar es observar cómo se tumba o camina por el salón.

Si ves que tu felino camina encorvado, con la cabeza baja y la espalda muy arqueada, algo va mal.

A veces adoptan una postura muy rígida para evitar cargar el peso en una pata que les está fastidiando.

Cuando descansan, en lugar de estirarse a lo largo, se hacen una bola muy tensa y apretada.

Esa postura de esfinge modificada, con las patas encogidas bajo el cuerpo, les sirve para proteger su barriga.

Si no se relaja ni para dormir, te aconsejo que prestes mucha atención porque no es nada normal.

2. El gato tiene dolor y se esconde más de lo normal

Los gatos son animales sociables a su manera, pero cuando están pachuchos prefieren desaparecer del mapa.

Si tu peludo antes te recibía en la puerta y ahora se pasa el día debajo del sofá…malo.

Buscar rincones oscuros y de difícil acceso es su manera natural de protegerse cuando se sienten muy vulnerables.

Estar escondido evita que otros animales o personas les molesten y les obliguen a moverse o interactuar.

A veces se meten dentro de los armarios o en lo alto de las estanterías buscando esa ansiada tranquilidad.

No le fuerces a salir tirando de él, mejor ofrécele comida suave cerca y obsérvale con mucha calma.

3. Falta de aseo porque tu gato tiene dolor

Cualquier persona que conviva con un felino sabe que se pasan la mitad de su vida limpiándose el pelo.

Son extremadamente pulcros, así que un pelaje sucio, sin brillo o lleno de nudos es una señal de alarma brutal.

Normalmente dejan de acicalarse porque sufren artrosis en la columna y literalmente no llegan a limpiarse la espalda.

Otras veces tienen problemas en la boca, como gingivitis, y el simple hecho de usar la lengua les hace daño.

Si al acariciarle notas el pelo áspero o ves que tiene caspa de repente, es hora de hacerle un chequeo.

Un gato desaliñado es un gato que necesita ayuda veterinaria urgente para volver a ser el de siempre.

4. Un gato tiene dolor y muestra agresividad repentina

Imagínate que te duele muchísimo una muela y alguien viene por detrás a tocarte la cara sin avisar.

Seguramente le darías un grito o un manotazo por el susto y la molestia repentina.

A nuestros peludos les pasa exactamente igual, si les tocas una zona dolorida te soltarán un zarpazo sin pensar.

Esto no significa que tu mascota se haya vuelto mala persona ni que te haya cogido manía de repente.

Es simplemente un acto reflejo para defenderse de lo que ellos perciben como un ataque a su zona herida.

Si te bufa al cogerle en brazos cuando antes le encantaba, es un claro síntoma para saber si tu gato tiene dolor.

Siempre suelo contar esta anécdota cuando sale este tema. Una clienta tenía una gata que según ella «siempre había tenido muy mal carácter». Al examinarla, vi que tenía un problema en la boca que la mantenía con dolor crónico hacía mucho tiempo. Pusimos remedio y voilà ! Al eliminar el dolor, esa gata gruñona y arisca, se volvió dócil y mimosa. Así es el dolor y así es librarse de él.

5. El arenero se evita cuando el gato tiene dolor

Hacer sus necesidades fuera de su caja de arena es un clásico que desespera a muchas familias.

Sin embargo, no lo hacen por fastidiarte o por venganza, casi siempre hay un problema de fondo.

A veces sufren cistitis y asocian el intenso escozor al orinar con la propia caja, así que buscan otros sitios.

En gatos mayores, el problema suele ser que los bordes del arenero son demasiado altos para sus articulaciones gastadas.

Les duele tanto levantar las patas traseras que prefieren hacer pis en la alfombra del baño por pura comodidad.

Fijarte en sus hábitos de higiene diarios es clave para saber si mi gato tiene dolor crónico.

6. Expresiones faciales que alertan que el gato tiene dolor

Los veterinarios usamos una herramienta que es la leche llamada «escala de mueca felina» para evaluar el sufrimiento.

Mirándoles a la cara podemos sacar muchísima información valiosa sobre su estado de salud general.

Si notas que tiene los ojos medio cerrados, las orejas aplanadas hacia los lados y el hocico muy tenso, cuidado.

Esa cara de pocos amigos y bigotes rectos hacia adelante indica que están pasando un rato bastante complicado.

La mirada suele estar perdida o desenfocada, como si no prestaran atención a nada de lo que pasa alrededor.

Es sutil, pero cuando aprendes a identificar esta expresión facial te das cuenta de muchísimas cosas.

7. Pierden las ganas de jugar si el gato tiene dolor

Ese ratón de peluche que antes le volvía loco ahora está tirado en una esquina acumulando polvo.

Cuando un animal está sufriendo por dentro, lo último que le apetece es dar brincos por el pasillo.

Es algo de cajón, pero a menudo pensamos erróneamente que simplemente se han hecho mayores y están aburridos.

Si notas apatía repentina y falta de interés por sus juguetes favoritos, debes activar todas las alertas.

Incluso pueden rechazar el uso del rascador, ya que estirarse para afilarse las uñas les causa pinchazos en la espalda.

Cualquier cambio brusco en su nivel de energía es un motivo de peso para organizar una visita domiciliaria.

8. El ronroneo engañoso cuando el gato tiene dolor

Existe un mito enorme de que los gatos solo ronronean cuando están a gustito recibiendo mimos en el sofá.

¡Para nada! También utilizan este sonido vibratorio para calmarse a sí mismos cuando están estresados o heridos.

Es un mecanismo de autosanación increíble que la naturaleza les ha dado para sobrellevar situaciones límite.

Si le notas escondido, rígido y emitiendo un ronroneo muy grave y continuo, no te fíes ni un pelo.

Ese sonido no es de felicidad, es una clara señal de que el animal está intentando aliviar un malestar intenso.

Hay que saber leer el contexto global para no confundir un momento de placer con una urgencia médica.

9. El apetito baja si el gato tiene dolor

Dejar de comer es un síntoma inespecífico, lo que significa que nos avisa del peligro, pero no de la causa exacta.

Cualquier molestia fuerte, ya sea en la barriga, en las articulaciones o en la boca, les quita las ganas de comer.

Un gato que rechaza su lata de comida húmeda favorita nos está pidiendo a gritos que le ayudemos.

Presta especial atención si se acerca al comedero, huele la comida y se va sin probar absolutamente nada.

Esto suele indicar náuseas o un grave problema dental que hace que masticar sea una auténtica tortura.

Un ayuno prolongado en felinos es peligrosísimo, así que esto es fundamental para saber si mi gato tiene dolor.

10. Dificultad para saltar porque el gato tiene dolor

¿Antes se subía a la nevera de un solo brinco y ahora duda mil veces antes de subir al sofá?

Esta pérdida de agilidad es la prueba del algodón para detectar problemas de artrosis en animales de cierta edad.

Les duelen tanto las rodillas y las caderas que tienen que recalcular las distancias para no hacerse daño.

A veces prefieren usar sillas o pufs intermedios a modo de escalera para llegar a su sitio favorito.

Otras veces escuchas un golpe seco al bajar, porque en vez de aterrizar suavemente se dejan caer a plomo.

No asumas que es solo vejez, podemos darles medicación chulísima para que vuelvan a moverse con soltura.

11. Cambios en los maullidos si el gato tiene dolor

Las vocalizaciones pueden volverse mucho más intensas y graves cuando nuestros peludos están sufriendo.

Algunos felinos empiezan a llorar de madrugada sin motivo aparente, deambulando por la casa totalmente desorientados.

Otros emiten maullidos lastimeros justo en el momento de entrar a la caja de arena o al intentar saltar.

Si tu compañero era más bien calladito y de repente parece que no calla ni debajo del agua, escúchale.

Esa insistencia al maullar es su forma de decirte que no se encuentra bien y que necesita que intervengas.

Grabar el sonido y enseñármelo cuando vaya a tu domicilio me ayudará muchísimo a entender qué le ocurre.

12. La respiración agitada cuando el gato tiene dolor

Una respiración muy rápida y superficial, estando el animal en reposo, es un signo que nunca jamás debes pasar por alto.

Lo normal es que un gato adulto sano respire entre 20 y 30 veces por minuto mientras duerme plácidamente.

Si notas que sus costillas suben y bajan a toda velocidad sin haber jugado antes, la situación es crítica.

El sufrimiento intenso altera su frecuencia cardíaca y respiratoria de manera muy visible para cualquiera.

También pueden jadear con la boca abierta, algo que en los felinos siempre es motivo de urgencia veterinaria.

Si observas este síntoma, llámame inmediatamente para que podamos estabilizarle lo antes posible.

Preguntas frecuentes sobre cómo saber si mi gato tiene dolor

En mis visitas por La Rioja me encuentro casi siempre con las mismas dudas por parte de las familias.

Es completamente lógico, todos queremos darles la mejor vida posible a nuestros peludos y evitar que sufran inútilmente.

Aquí voy a resolverte esas consultas típicas para que estés totalmente preparado.

¿Puedo darle paracetamol a mi gato?

¡Ni se te ocurra! Te lo digo con toda la firmeza del mundo para que no cometamos un error fatal.

El paracetamol, el ibuprofeno y casi todos los analgésicos humanos son extremadamente tóxicos para sus pequeños hígados.

Darle ni siquiera media pastilla puede provocarle un fallo multiorgánico y la muerte en muy poquitas horas.

¿Cuánto debo esperar para avisar a un profesional?

Mi consejo es que no demores la llamada si el animal deja de comer por completo o respira de forma rara.

Si ves algo leve, como que cojea un pelín pero sigue comiendo y jugando alegremente, puedes observarle durante ese día.

Aun así, yo prefiero que me des un toque al móvil para consultarme, más vale prevenir que curar.

¿Es normal que un gato disimule tan bien?

Sí, es la cosa más normal del mundo y está grabado a fuego en su genética desde hace miles de años.

Como te contaba al principio, mostrar debilidad les hace sentir en peligro inminente ante posibles amenazas externas.

Por eso los dueños no deben sentirse culpables, es el instinto del felino actuando a pleno rendimiento.

Qué hacer tras saber que mi gato tiene dolor

Si después de leer esta lista tienes sospechas fundadas de que tu michi está pasando por un mal trago, actúa.

Lo primero que te recomiendo es que le grabes en vídeo disimuladamente con tu teléfono móvil desde lejos.

Como trabajo a domicilio, esos vídeos me resultan muy útiles para ver su comportamiento real sin mi presencia.

A veces, cuando entro por la puerta con mi fonendoscopio, el animal se asusta y enmascara todos los síntomas.

La mejor forma de saber si tu gato tiene dolor es combinar tus observaciones diarias con una buena revisión clínica.

Yo me encargo de palparle con cuidado, mirar sus articulaciones y hacer las pruebas pertinentes en su propio sofá.

No hay que olvidar que la prevención es nuestra mayor aliada para garantizarles una vejez digna y feliz.

Hacerles análisis de sangre anuales a partir de los 7 años nos permite detectar problemas renales o hepáticos muy rápido.

Además, te enseñaré algunos trucos para adaptar tu hogar y hacerle la vida mucho más sencilla.

  • Adapta la casa. Pon rampas para que suba a la cama sin saltar.
  • Mejora su arenero. Compra uno con los bordes más bajitos para que entre bien.
  • Cambia su descanso. Usa camas ortopédicas y mullidas para proteger sus articulaciones.
  • Adapta su comedero. Pon sus platos un poco elevados para que no fuerce el cuello.

En definitiva, para saber si tu gato tiene dolor necesitas paciencia, mucho amor y observar sus pequeños cambios de actitud.

No esperes a que el problema se haga insoportable para buscar una solución médica profesional y segura.

Tu felino te agradecerá eternamente que seas su voz y le ayudes cuando más lo necesita.

Si notas cualquier cosa rara, avísame y me acercaré a tu casa para devolverle la calidad de vida que merece.

Espero que este artículo te haya resultado útil para entender un poquito mejor a tu peludo compañero.

Si tienes cualquier duda sobre este tema, puedes dejarla en los comentarios y te responderé encantada en cuanto termine mi ruta.

¿Alguna vez has notado que tu mascota hacía cosas raras y luego descubriste que estaba malita?

Bibliografía

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Soraya Sáenz Hervías

Graduada en Veterinaria por la Universidad de Zaragoza. Ha trabajado en varias clínicas de pequeños animales y realizado estancias formativas en diversos hospitales. Actualmente ejerce como veterinaria a domicilio en La Rioja y alrededores.

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